Las raíces de la paciencia, son amargas, pero el fruto
es muy Dulce.

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¡ Historia del Martini !

 

 

LO BÁSICO

Un cóctel es la mezcla, la unión, de dos o más ingredientes que forman una bebida armónica. El cóctel, debe ser una obra bien hecha y citando al barman Epi Vallejo, «El acto de preparar un cocktail requiere técnica, habilidad y un gran conocimiento de las bebidas que lo componen; en suma, la labor de un artesano.

Cócteles hay miles y están en continuó cambio y evolución, pero sin duda alguna el rey de todos es el martini. El martini que aparentemente no parece tener gran complicación en su elaboración es un cóctel complejo y delicioso. La bala de plata, como también es conocido, es un trago simple pero sofisticado que ha sobrevivido muchas décadas sin ser destronado. La historia del martini es larga, compleja y nada clara, para algunos su inventor fue el «Profesor» Jerry Thomas el barman del hotel Occidental de San Francisco en 1860, mientras que los habitantes del pueblo minero Martínez en California, sostienen que el inventor fue su barman Julio Richelieu. Como de costumbre, la costa este de Estados Unidos no se ha querido quedar atrás y ellos también reclaman su invención, concretamente del barman neoyorquino Martini de Arma di Taggia en 1912 que sirvió este cóctel al millonario John D. Rockfeller en el hotel Knickerbocker y le puso su propio nombre a este gran invento. Pero verdaderamente poco nos debe importar quién fue el inventor del martini para disfrutarlo ya que es, como dijo el escritor estadounidense Bernard de Voto, «el regalo supremo norteamericano a la cultura mundial.

Otro martini

Disfrutar de este regalo supremo requiere, no obstante, cierto respeto hacia el mismo; es decir no se toma uno un martini en chándal, en bañador o en pijama. Pero vayamos por partes, ¿cómo me gustan a mí los martinis? Para mi gusto y como bien sabemos para gustos están los colores, mi martini ideal se elabora de la siguiente manera: En vaso mezclador con hielo se enfría la ginebra, a ser posible la Bombay Saphir durante unos diez o doce segundos y se sirve en copa cóctel, se espolvorea, con tres toques, con Noilly Prat y se se adorna con una aceituna con hueso o con unas cebolletas si se prefiere el gibson. Ahora bien, yo no soy partidaria de tener la ginebra en el congelador ni en el frigo como algunos, ya que considero que un buen martini debe tener esa poquita agua que se desprende de los cubitos al removerlo en el vaso mezclador, porque de tener ya la ginebra muy fría, obviamente, el hielo se derretirá más lento.

El disfrutar de un buen martini requiere a mi juicio ciertos elementos o circunstancias como el beber en compañía, correctamente vestidos y si es posible con música de jazz o blues de fondo. Cole Porter escribió también inmemorables canciones muy adecuadas para este pequeño ritual como: «Make It Another Old-fashion, Please», «Say It with Gin», «Absinthe Drip», «Cocktail Time» o «Drink, Drink, Drink»; algunas de estas canciones han sido exquisitamente interpretadas por Julie London y que yo no puedo más que recomendar. Igualmente es muy aconsejable, casi obligatorio diría yo, tomar unas patatitas fritas, aceitunas, almendras saladas, cacahuetes, etc. para acompañar este regalo supremo que es el martini; como dijo el cómico Johny Carson, «la felicidad es encontrar dos aceitunas en tu martini cuando tienes hambre.»

Pero obviamente el martini no es el único cóctel, hay miles para todos los gustos y ocasiones. Me encanta probar cócteles nuevos pero debo reconocer que los clásicos tienen algo especial. Entre mis cocteles favoritos, a parte del martini o gibson, están: el manhattan, whiskey sour, negroni, white lady, gin fizz, pink gin, saketini, stinger, horse's neck,salty dog, old-fashioned o un delicioso tequila sunrise, entre otros muchos porque cada cóctel tiene su momento del día y ocasión para convertirse en el cóctel ideal.